Liborio Méndez

La época culminante del primer cuarto de siglo y el inefable espíritu navideño, además de los festejos de rigor, hacen pensar sobre el camino andado, es decir, el pasado, y también del en el final del viaje.

Si ya se llegó a la tercera edad, de repente se pregunta uno sobre quién habla: el infante, el joven, el maduro o el anciano. La infancia y la juventud del pasado se reviven a rienda suelta en el presente. Tal vez la voz del maduro aborde el futuro cercano, y es entonces cuando habla el sénior jubilado.

Así las cosas, cuando opinamos sobre la cosa pública, hay un ejercicio plural de conciencia que nos identifica en el hogar, en la escuela, en el trabajo y, en particular, en el ámbito de los amigos. Pero ¿cómo asumimos la amistad?

Tal vez se pueda contar con amigos de toda una vida, desde la niñez hasta la infancia juventud; tal vez desde el entorno laboral hasta culminar una carrera de servicio público o en el ámbito empresarial, y tal vez en la política.

De modo que la palabra de una persona puede referir ideas propias o compartidas, que norman conductas no estrictamente individuales, sino más bien de grupo o colectivo, asociación, gremio o partido político. Es decir, cuando digo lo que pienso, mi discurso conlleva ideología compartida, la que se deriva de la universidad de la vida.

Para algunos, la experiencia de pintar canas transita desde la niñez y juventud, merced a practicar uno o varios deportes. El espíritu deportivo coadyuva a una amistad que se cultiva en la cancha deportiva, donde se gana y se pierde; de ahí el respeto a los contrarios gracias a las reglas de competencia.

Ciertamente, existen disciplinas de mesa, como el ajedrez y el dominó, que dan pie a experiencias individuales y de grupo, tanto en el ámbito amateur como en el profesional, destacando los Juegos Olímpicos o las copas mundiales.

Todo esto viene a cuento porque en la capital tamaulipeca ya surgió la iniciativa de escribir de manera grupal los relatos de un grupo de basquetbolistas que disfrutaron toda una vida de la fraternidad deportiva. Ya le contaré más al respecto, si publican el libro.

Anterior
Anterior

La princesa del ¿por qué?

Siguiente
Siguiente

Romper el círculo