Carla Patricia Saucedo Huidobro

Ayer fue el Día de la Niña y la Mujer en la Ciencia.
Y todo el día volví a esa niña que fui.

La que no pedía muñecas. La que esperaba con emoción un microscopio de juguete. La que abría un kit de disección de entomología como si estuviera frente a un tesoro. La que pasaba fines de semana en la montaña mirando insectos, hojas, piedras, tratando de entender cómo estaba hecho el mundo.

Mi papá me decía “la princesa del ¿por qué?”. Y no lo decía como broma, lo decía con paciencia. Porque yo preguntaba todo. Por qué el cielo cambia de color. Por qué las plantas crecen hacia la luz. Por qué el corazón late más rápido cuando corremos. Por qué, por qué, por qué.. Yo quería saberlo todo. Cómo se movía una hormiga. Por qué las alas de una mariposa parecían polvo de luz. Qué había más allá de lo visible.

Y nadie me dijo que eso no era propio de una niña.

Por eso esta fecha me toca profundo. Porque sé que la ciencia comienza mucho antes de la universidad. Comienza cuando una familia decide regalar curiosidad en lugar de silencio. Cuando una niña recibe un microscopio y entiende que mirar de cerca también es una forma de poder.

Es fundamental que haya más mujeres científicas. Pero antes que eso, es fundamental que haya más niñas jugando a explorar. Más niñas a quienes les regalen telescopios, experimentos, libros de astronomía. Más fines de semana en la montaña donde puedan ensuciarse las manos y formular hipótesis sin saber todavía que eso es una hipótesis.

Hoy celebramos avances reales. Más investigadoras liderando proyectos estratégicos. Más jóvenes en carreras científicas. Más redes de apoyo. Más presencia femenina en espacios que antes parecían inaccesibles.

Pero yo celebro algo más íntimo: que la alegría de descubrir no me fue negada. Que mi curiosidad fue cuidada. Que mis preguntas encontraron eco.

Porque cuando una niña entiende que puede observar, experimentar y explicar el mundo, algo cambia para siempre. Y esa transformación —pequeña, silenciosa, personal— es el origen de toda ciencia.

Ayer celebramos a las mujeres en la ciencia.
Yo también celebré a esa niña con su microscopio de juguete, convencida de que el universo estaba ahí, esperando ser entendido.

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No soy yo, son los otros