Liderazgos que sanan
Carla Patricia Saucedo Huidobro
Hay una diferencia enorme entre dirigir y sostener.
Y esa diferencia no es técnica, es neurobiológica.
Durante mucho tiempo se creyó que el liderazgo era cuestión de carácter fuerte, decisión rápida y resistencia. Hoy sabemos algo más sofisticado: quien lidera regula el clima emocional donde otros piensan. Y el cerebro, cuando percibe amenaza constante, no piensa igual.
La ciencia es clara. Cuando el entorno es impredecible, cuando el tono es desbordado, cuando la reacción sustituye a la reflexión, la amígdala toma el mando. Y cuando la amígdala gobierna, la corteza prefrontal —la que integra datos complejos, la que pondera consecuencias, la que planifica a largo plazo— reduce su margen.
No es metáfora. Es fisiología.
Por eso un liderazgo que sana no es el que evita la exigencia, sino el que administra la tensión sin amplificarla. El que mantiene coherencia cuando el contexto presiona. El que entiende que su regulación emocional no es un asunto íntimo, sino una variable estructural del equipo.
Y aquí hay un avance real que vale la pena reconocer.
Hoy vemos liderazgos más conscientes. Más formados en inteligencia emocional basada en evidencia. Más atentos a la claridad comunicativa, a la previsibilidad, a la construcción de seguridad psicológica. No como gesto blando, sino como estrategia cognitiva.
Un equipo regulado decide mejor. Integra más perspectivas. Evalúa riesgos con mayor equilibrio. Se atreve a innovar porque no está ocupado defendiéndose.
La regulación emocional no es suavidad. Es precisión. Es saber cuándo tensar y cuándo contener. Es no confundir urgencia con caos. Es entender que la toma de decisiones de alto nivel requiere un cerebro disponible, no uno en alerta permanente.
Hemos dejado atrás, poco a poco, la idea de que el liderazgo efectivo es el que impone ritmo por desgaste. Hoy sabemos que sostener rendimiento exige sostener salud neurocognitiva. Y eso empieza en quien dirige.
Liderar es una forma de responsabilidad biológica.
Porque cada decisión importante no solo depende de datos, sino del estado del sistema nervioso que los procesa.
Y cuando el liderazgo entiende eso, no solo organiza tareas.
Organiza claridad.

