El escritor que convirtió la memoria en literatura
Por Carmen Saucedo
El 26 de enero se conmemora un año más del fallecimiento de José Emilio Pacheco (1939–2014), uno de los más grandes escritores mexicanos del siglo XX. Poeta, narrador, ensayista y traductor, Pacheco fue una voz inconfundible dentro de la literatura mexicana y latinoamericana, no solo por la calidad de su obra, sino por su ética, su lucidez crítica y su inquebrantable vocación literaria.
Perteneciente a la llamada Generación del Medio Siglo, junto a autores como Carlos Monsiváis, Sergio Pitol y Elena Poniatowska, Pacheco supo distanciarse del ego literario y del espectáculo intelectual. Su estilo sencillo, profundo, transparente que buscaba el diálogo. Fue un autor que escribió para comprender el mundo y para invitar al lector a pensar, a cuestionar, a recordar.
En su poesía, recogida en volúmenes como Los elementos de la noche (1963), No me preguntes cómo pasa el tiempo (1970) y Tarde o temprano (1980), Pacheco abordó los temas del tiempo, la historia, la memoria y el deterioro de lo humano. Su tono es íntimo y reflexivo, sin grandilocuencia, pero con una hondura que trasciende lo autobiográfico. Uno de sus poemas más conocidos reza:
"Todo es memoria / el polvo, el viento son memoria / el fuego es memoria / la sangre es memoria.”
Este verso resume el espíritu de su obra: un intento por fijar lo efímero, por hacer de la palabra un resguardo ante la fugacidad.
En el terreno narrativo, su novela Las batallas en el desierto (1981) se ha convertido en una lectura esencial en las aulas mexicanas y latinoamericanas. En apenas 70 páginas, Pacheco logra retratar la transición de un país, el despertar emocional de una generación y la nostalgia como huella permanente del paso del tiempo. La historia de Carlos y su amor imposible por Mariana no es solo una crónica del México de los años cuarenta: es un espejo emocional que ha tocado a lectores de múltiples edades y contextos.
“El futuro ya no es lo que era antes”, dice el narrador con resignación. Y con ello, Pacheco expresa una desilusión colectiva, una herida compartida por quienes han visto desvanecerse sus ideales.
Además de su obra creativa, José Emilio Pacheco fue un intelectual comprometido con la verdad y la historia. Sus ensayos y traducciones ayudaron a formar generaciones de lectores y escritores. A lo largo de su carrera, se mantuvo ajeno a los reflectores, a pesar de haber recibido numerosos reconocimientos, como el Premio Cervantes (2009), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Octavio Paz.
Pacheco hablaba desde la humildad, pero con una autoridad moral que pocos escritores han mantenido con tanta coherencia. En una época donde las figuras públicas suelen construirse a través del exceso, su sobriedad fue un acto de resistencia.
“Soy un escritor que cree en la literatura como un acto de conciencia”, declaró alguna vez. Esa conciencia no solo se manifiesta en sus temas, sino en la forma en que se relacionó con el mundo: con sensibilidad, compromiso y claridad.
A una década de su partida, la obra de José Emilio Pacheco sigue tan vigente como necesaria. Sus palabras: austeras, precisas, conmovedoras, siguen habitando nuestras bibliotecas, nuestras memorias y nuestros silencios. Hoy, recordarlo es una invitación a leerlo, a releerlo, a descubrir en su voz una brújula ética y estética.

